La revuelta de monjes y civiles tibetanos en Lhasa supone un reto difícil de gestionar para los líderes comunistas chinos, expuestos a todas las miradas de la comunidad internacional en este año olímpico. A pesar de ser uno de los movimientos independentistas que más simpatías ha despertado en todo el mundo desde que la China de Mao invadió su territorio, los tibetanos ven cómo sus anhelos de soberanía van diluyéndose poco a poco a medida que Pekín se abre internacionalmente.