Corresponsal de Far Eastern Economic Review y comentarista en multitud de medios occidentales, ha sido ponente del Diálogo Oriente-Occidente organizado por el Fórum Barcelona 2004 y Casa Asia, desde el cual denunció que el mundo haya olvidado a los afganos y, sobre todo, que Occidente no haya entendido aún cómo y dónde debe luchar en pro de la seguridad mundial. “¿Cuántos atentados, cuántas muertes más tendremos que sufrir para que los gobiernos se den cuenta?”
¿Se está dirigiendo bien la transición democrática en Afganistán?
No. Creo que las elecciones deberían posponerse al menos un año. Se ha registrado un importante aumento de la violencia, con casi seis ataques talibán al día; Al-Qaeda es aún muy fuerte; el operativo militar de mantenimiento de la paz ha fracasado porque, ante la guerra en Irak, Occidente dispersó esfuerzos y contingentes, empezando por los que Estados Unidos había desplegado para capturar a Osama Bin Laden; y, sobre todo, se ha invertido muy poco dinero en la reconstrucción: en los últimos dos años y medio. Afganistán sólo ha recibido 4.000 millones de dólares frente a los 60.000 millones comprometidos para Irak. ¡Es patético!
Occidente ha incumplido los compromisos que adquirió después del 11-S en las dos áreas básicas [para el futuro del país]: seguridad y reconstrucción. La situación es muy, muy inestable y no creo que el presidente Hamid Karzai esté en disposición de cambiar las cosas. A menos, claro, que obtenga el apoyo occidental que hasta ahora no ha tenido.
¿Y cuáles pueden ser las consecuencias si Occidente no rectifica de actitud?
Pues que Afganistán continuará siendo un Estado-refugio para Al-Qaeda. Al-Qaeda quiere derrocar el régimen de Kabul. Y si persiste el vacío en la construcción de un Estado, en la reconstrucción nacional, el vacío en el compromiso de Occidente ante las que fueron las causas reales de la crisis del 11-S, el país caerá de nuevo en la anarquía, en la generalización de la violencia y en la exportación de la guerra.
¿Cómo se puede trabajar para el futuro estando aún en escena señores de la guerra como los fundamentalistas Burhanuddin Rabbani [expresidente y líder de la Alianza del Norte] o Abdul Rasul Sayyaf [líder de Ittihad-I Islami]?
Naciones Unidas tiene un plan y 300 millones de dólares, financiados por Japón, para desmovilizar, desarmar y reintegrar a todas las milicias, que suman unos 100.000 hombres. Pero nadie puede esperar que personal civil de la ONU asuma esa misión sin la ayuda ni la protección de soldados occidentales. Y como no dispone de ella, el plan está totalmente paralizado.
Es vergonzoso, la OTAN ha incumplido el despliegue de tropas prometido hace un año [cuando se hizo cargo de las fuerzas de la International Security Assistance Force, ISAF]. Y si el desarme ha sido un fracaso es, en buena medida, por culpa de los norteamericanos, que no quieren enfrentarse a los señores de la guerra a meses vista de unas elecciones que sólo responden a la agenda política de la Casa Blanca, para que Bush pueda aparecer ante sus propios electores proclamando que ‘la democracia gana la guerra contra el terrorismo en Afganistán’.
El objetivo de esta cita a las urnas debería ser permitir el acceso de los demócratas al poder y la emergencia de una sociedad civil, capitaneada por la juventud instruida que ha regresado del exilio, pero lo que veremos será el mantenimiento del status quo vigente desde diciembre de 2001, es decir, una reformulación de la alianza entre Washington, Karzai y los señores de la guerra.
Bush usa Afganistán según su propia agenda política pero, ¿ha hecho la Unión Europea dejadez de funciones?
Ha sido muy triste que las divisiones entre los EEUU y la UE en relación a Irak hayan hecho imposible mantener la independencia de los dos asuntos y, aún peor, hayan conducido a la total paralización de Europa. Mi principal crítica a la Unión Europea y a la OTAN, a la que considero una organización europea, es no tener política alguna en relación a Afganistán.
Todos los embajadores europeos en Kabul le admitirán en privado que estas elecciones están destinadas a ser un fracaso, pero nadie se atreve a decirlo en público. España misma: Afganistán cayó de la agenda del presidente Aznar siguiendo el ejemplo de americanos y británicos, pero el gobierno socialista continúa sin tener una política clara.
En mi opinión, unos y otros han fallado por igual a la hora de considerar los intereses estratégicos de España en Afganistán. España hace frente a una amenaza terrorista; lo sabemos por Atocha, sabemos que hay células durmientes en territorio español, sabemos que España es parte de la agenda [de objetivos] de Al-Qaeda. Por lo tanto, por sus propios intereses nacionales, el gobierno español no debería cerrar los ojos a [lo que ocurre en] Afganistán.
El gran fracaso de España como de Occidente es no haber entendido que el debate sobre las llamadas “cuestiones de seguridad nacional” es mucho más amplio de lo que se cree.
¿Cómo se siente usted ante todo esto? ¿Se ve como un mesías predicando en el desierto?
Sí, ja, ja! La verdad es que es muy frustrante... Después del 11-S viajé mucho a Estados Unidos, me reuní muchas veces con la gente del gobierno, y cuando finalmente Bush dijo ‘vamos a trabajar en la reconstrucción nacional de Afganistán’ pensé ‘!fantástico! ¡por fin lo han entendido!’, han entendido que no puedes ganar la guerra y después olvidarte del tema. Por eso ha sido una gran desilusión ver lo que ha pasado.
Y estoy enfadado, muy enfadado con los europeos porque confié que a pesar de la crisis iraquí, los países líderes, ya sabe, británicos, alemanes, continuarían dando a Washington los mismos buenos y sensatos consejos sobre cómo gestionar la paz que le habían ofrecido al principio de la crisis afgana. Y ya ve...
¿Confía que un cambio de color en la Casa Blanca mejore las cosas?
Mire, lo único que sé es que una reelección de George Bush Jr. y de su equipo –porque no veo ninguna señal de que [el presidente] vaya a deshacerse de los neoconservadores- sería una auténtica catástrofe para el mundo musulmán y también para las relaciones entre Washington y la Unión Europea.
¿Cuantos talibán hay en la frontera entre Afganistán y Pakistán?
Después de la caída del régimen, los talibán que cruzaron la frontera con sus familias sumaban algo así como 40.000 o 50.000 personas. La mayoría no quiere luchar; viven en campos de refugiados, están hartos de la situación y quieren regresar a Afganistán.
El problema es que hay un reducto de duros, muy influenciados por Al-Qaeda, que se niegan a ello. En la actual cúpula del movimiento talibán, que continua bajo la batuta del mulá Omar, hay solamente dos líderes a quienes puedo identificar. El resto, son todo caras nuevas, hombres jóvenes que han escalado posiciones precisamente por abrazar la línea ideológica más dura y radical.
Me atrevería a decir que aún quedan un millar, quizás dos o tres mil hombres, como mucho, dispuestos a luchar y que todos los demás quieren volver a casa. La vieja dirección talibán entre ellos. Pero se tienen que crear las condiciones para que esto pase. Y hoy por hoy no se dan.
He leído que el gobierno británico mantiene contactos con los talibanes. ¿Es eso cierto?
Los británicos, los norteamericanos, el presidente Karzai... todo el mundo está intentando establecer un diálogo con los moderados para negociar su retorno a Afganistán, quizás a través de algún tipo de amnistía.
Pero hay diversos factores que lo hacen muy difícil: uno, los talibán radicales tienen aterrorizado el resto del movimiento; dos, lamentablemente, este núcleo duro dispone de un importante apoyo pakistaní; y tres, el presidente [Pervez] Musharraf no está haciendo nada para impedirlo, porque Musharraf no está jugando a favor de los EEUU, ni tan siquiera a favor de los talibán. Musharraf ha apostado sus cartas a favor de Al-Qaeda!.
Analistas paquistaníes y afganos invitados al Forum han insistido en el control de las madrasas [escuelas coránicas] como un elemento clave en la evolución de ambos países bien hacia la democracia, bien hacia el fanatismo religioso. Después del 11-S, el general Musharraf hizo algunas promesas en ese sentido. ¿Cuál ha sido su balance hasta ahora?
Cero. Mucha retórica, pero lo cierto es que no se ha hecho nada. ¡En dos años y medio no ha cambiado absolutamente nada! Y le diré que la situación en las madrasas de Pakistán es mucho más peligrosa hoy que antes del 11-S: se han expandido y rechazan frontalmente cualquier petición de registro [según decretó el gobierno en enero de 2002] y de someter los programas educativos a un cierto control. Y Musharraf no les reprende porqué la suya es una política de doble cara: públicamente asegura a Washington que está haciendo todo lo que puede [para controlar el extremismo], pero sobre el terreno se alía sin rubor con los fundamentalistas.
¿Teme una talibanización de la sociedad paquistaní?
La mayoría de los paquistaníes se oponen a esta línea doctrinal y el gobierno militar, con el beneplácito norteamericano, ha aprovechado los efectos del 11-S para reforzar su control sobre la ciudadanía y debilitar el proceso democrático. Sí me parece peligroso, en cambio, que el país esté tan polarizado, en el ámbito político, pero también en el religioso, el étnico y el social. Pakistán está viviendo un momento de grandes tensiones que se canalizan a través de repetidos episodios de violencia. Y temo que vayan a más y se descontrolen, temo una evolución hacia la anarquía y el debilitamiento del Estado como gestor del orden social y la seguridad.
Ante este escenario, ¿qué posibilidades ve de que prospere la ‘entente’ entre Pakistán y la India sobre la cuestión de Cachemira?
La iniciativa me parece, de verdad, excelente y quizás una de las pocas luces que se ven en este escenario sombrío y deprimente. Pero habrá que seguir el tema con detenimiento y mantener una cierta prudencia de ánimo, porque ya sabe que el ejército [paquistaní] ha utilizado el temor a la India como argumento para mantenerse en el poder, para decretar leyes marciales, para disponer de un ejército de medio millón de hombres y para entrar en la carrera nuclear.
Que se haya abierto un canal de diálogo, ¿quiere esto decir que los militares han considerado un proceso de paz [con India] en términos estratégicos y de futuro?. Porque si es así significaría [aceptar] que no necesitamos un ejército tan inmenso, por ejemplo, ni tampoco armas nucleares, ni la preeminencia de lo militar en la sociedad... La verdad, no creo que en Islamabad hayan hecho esta reflexión.
Pero tampoco en Nueva Delhi están las cosas más claras; queda por ver cómo evoluciona el nuevo gobierno del Congreso, si mantiene la habitual línea de dureza [con relación a la soberanía de Cachemira] y antipaquistaní, o no. Insisto, debemos esperar y ver.
¿Está satisfecho con los logros de su Open Media Fund for Afganistán? [Rashid donó en enero de 2002 parte de los royalties conseguidos con la venta de su famoso libro Los talibán para crear el OMFA, destinado a potenciar –a través de donaciones privadas- la prensa libre y independiente en aquel país. El periodista afgano Waheed Warasta es su representante en Kabul.]
Oh, gracias, sí, hemos contribuido a fundar una quincena de publicaciones de todo tipo... ¿Sabe? cuando creé este fondo, después del 11-S, pensaba que conseguiría algunas ayudas iniciales pero que al cabo de seis meses todo se habría acabado. ¡Pero no ha sido así! porque [la crisis de] Afganistán no se ha acabado, y ante el proceso electoral en marcha puede verse muy bien la relevancia del proyecto.
¿Y en Paquistán? ¿qué papel están jugando los medios de comunicación paquistaníes ante la convulsa situación del país y la región entera?
La verdad es que los medios paquistaníes están muy divididos: mientras la prensa en inglés es abiertamente liberal, antifundamentalista, partidaria de la paz con India y de la reconstrucción nacional de Afganistán, la prensa en urdú, lamentablemente, se reconoce en todos los [conceptos] negativos. Y es muy difícil establecer puentes: no hay prensa liberal en urdú como no la hay fundamentalista en inglés.
La polarización social de la que le hablaba ha acentuado aún más las diferencias, lo que nos ha llevado al extremo de que no tengamos prensa en urdú que eduque en conceptos como modernización, democracia, etc. Hay algún caso, incluso, en que la misma empresa editora tiene una cabecera en inglés y otra en urdú, y mientras la primera es liberal, la segunda es un disparate. Y cuando lo cuestionas a los propietarios te contestan con un "¡bueno, esto es lo que vende!". ¿Dónde está la responsabilidad social de los medios? |