Anna Zaera
28/09/2009
Lu Chuan, el director chino de “City of life and death”, flanqueado por los protagonistas del film, Qin Lan y Liu Ye, paseó su sonrisa por la alfombra roja de San Sebastián durante toda la semana, consciente de que su película no había dejado indiferente a nadie después del primer pase. Los periódicos la destacaron entre otras y entre el público presente en la ciudad de San Sebastián se la empezó a etiquetar como “la imprescindible” en esta edición del festival.
El sábado 26 de septiembre por la tarde, cuando el jurado dio a conocer su veredicto, la sonrisa de Lu se convirtió en felicidad exultante y su discurso se llenó de agradecimientos y de elogios a todos; al festival, al jurado, al público, a la ciudad…
“Este premio es muy importante porque ayudará a que esta película se proyecte en muchas más salas” dijo a la prensa, motivado por dar a conocer al resto del mundo los entresijos de una masacre real, relativamente reciente, que significó la muerte de miles de personas durante la ocupación japonesa de la ciudad china de Nanjing, en 1937.
Emocionado, Lu, subió al escenario del Kursaal, acompañado de una elegantísima Qin Lan, para seguir agradeciendo la elección de su película, “después de cuatro años de rodaje”, no exento de trabas burocráticas y con un despliegue de medios económicos y humanos considerable. Lógico, tratándose de una película de género, ambientada en el Nanjing de los años 30 y que abordaba un tema sensible, incluso ahora, en el establishment chino.
Pero Lu quiso desenterrar este momento y llevarlo a la pantalla, a pesar de conocer de antemano lo delicado del tema.“Me parecía increíble que en Japón nadie supiera de este holocausto, ya que los libros de texto no hablan de él” dijo el director, que decidió contarlo con el beneplácito y la financiación del régimen comunista.
El esfuerzo por recuperar esta historia valió la pena y Lu Chuan, un director joven con sólo tres películas en su filmografía, supo conjugar cabeza y corazón y obtener un drama sentido junto con una objetividad responsable. Pero no sólo el tratamiento histórico mereció el premio.
El galardón hace justicia también a la excelencia narrativa de la cinta y al enfoque minucioso de la psicología de los personajes y de sus dudas morales, un aspecto muchas veces olvidado en las películas de género.
En “City of life and death” se van alternando los puntos de vista de los japoneses y de los chinos, y esto se traduce en un discurso honesto que acerca la película al espectador y demuestra que la guerra es cruel para los dos bandos. “No pretende ser sólo una película sobre China” –donde ya se estrenó en abril de 2009- dijo “sino también un alegato antibelicista universal” en palabras del director.
Lo consiguió. “Me ha conmovido y, además, habla sobre un hecho histórico poco documentado” apuntaba Jon Arsuaga, espectador habitual del festival, que destacaba este filme entre los otros favoritos antes de conocer los resultados.
“City of life and death”, rodada en blanco y negro y a través de un gran angular, consiguió hacerse también con el premio a la mejor fotografía, a cargo de Cao Yu, que no estaba presente en San Sebastián.
Al final, “City of life and death” – en español “Ciudad de vida y muerte”- obligó a otras favoritas a irse a casa de vacio como por ejemplo el “Secreto de sus ojos” de Juan José Campanella y protagonizada por Ricardo Darín. Más suerte tuvieron las españolas “Yo, también” de Álvaro Pastor y Antonio Naharro y “La mujer sin piano” de Javier Rebollo, que aunque no convencieron a todos por igual, se llevaron también premios de peso.