Redacción
28/04/2010
El gobierno chino ha anunciado una
reforma legal que pone fin a las restricciones que desde hace veinte años impiden entrar en el país a los extranjeros portadores del VIH y a los enfermos de SIDA, de lepra y de todo tipo de enfermedades de transmisión sexual.
El comunicado oficial afirma que el gobierno ha decidido
levantar estas restricciones de entrada porque ahora hay más información sobre estas enfermedades y se ha demostrado que la prohibición tiene un efecto muy limitado en la prevención y control de ellas dentro del país.
Además, reconoce que la restrictiva ley ha causado varios problemas cuando China ha albergado grandes acontecimientos internacionales. No en vano, el fin de estas restricciones se ha anunciado a tan sólo dos días de la inauguración en Shanghai de la Expo 2010, un evento que va a atraer a millones de visitantes de todo el mundo.
En anteriores eventos, como los Juegos Asiáticos de 1990, la IV Conferencia Mundial de Mujeres de 1995 y los Juegos Olímpicos de 2088, las autoridades habían levantado las restricciones de forma temporal.
La Organización Mundial de la Salud ha calificado la medida como una decisión en la buena dirección y esperan que el paso que ha dado China impulse a otros países a seguir su ejemplo. Unos 50 países mantienen todavía restricciones a la entrada de seropositivos. Estados Unidos, tras 22 años, las levantó en enero pasado.
También los activistas chinos por los derechos de los seropositivos esperan que la reforma legal consiga disminuir la discriminación que sufren, agravada porque Pekín ha considerado hasta ahora que el SIDA es una enfermedad que viene del extranjero y que va ligada a estilos de vida perjudiciales.
Aunque en China el SIDA ha sido durante años un tema tabú, el ministerio de Sanidad asegura que el número de seropositovos en el país es de 740.000 personas. Esta cifra se corresponde también con las de UNICEF, que estima que habría entre medio y un millón de afectados por el VIH.
Con la reforma de la ley, las limitaciones de entrada al país se mantienen para enfermos de tuberculosis, enfermos mentales graves y enfermedades contagiosas que pueden poner en peligro la salud pública.