
Eva Queralt
20/05/2011
Chen Cao, un detective de Shanghai especializado en casos políticamente delicados y a la vez poeta frustrado, se debate entre el trabajo bien hecho y la obediencia al partido. Qiu Xiaolong (Shanghai, 1953), su creador, también sueña con dedicarse a la poesía, pero la saga sobre los misteriosos casos de Chen Cao sigue bien viva: mientras Tusquets lanza su sexta novela en español, “
El caso Mao”, Qiu está a punto de publicar la octava en inglés y Chen Cao se prepara para dar el salto a la gran pantalla.
Con esta serie,
Qiu Xialong, hijo de un represaliado de la Revolución Cultural, quiere difundir los aspectos más ocultos de la historia reciente de China, y asegura que para ello, vivir en Estados Unidos le aporta un distanciamiento “imprescindible”. Qiu llegó a Estados Unidos en 1988 para estudiar la figura del poeta T.S. Eliot, pero tras la tragedia de la Plaza de Tiananmen en 1989 su nombre empezó a aparecer como simpatizante de la revuelta estudiantil y decidió no regresar y evitar las represalias. Desde entonces, escribe en inglés.
Lleva ya viviendo en Estados Unidos más de veinte años pero sus obras reflejan los cambios sociales y los entresijos políticos de la China actual. ¿Cuál es su relación con China y cómo lleva a cabo su proceso de documentación?
Viajo regularmente a China, al menos dos veces al año, y paso allí un par de meses. Pero para documentarme sobre los temas que trato casi es mejor vivir en Estados Unidos, porque investigo a través de muchas páginas web, la mayoría de las cuales son sensibles políticamente, y en China normalmente este tipo de información está bloqueada.
El inspector Chen Cao, además de policía, es poeta, fan de la literatura clásica…, es un personaje complejo. ¿Cómo surgió este personaje?
En realidad tienen mucho de un amigo mío, que como yo estudió inglés en la universidad. Pero en China, en los años 80 y 90, un licenciado no iba a buscar trabajo sino que el gobierno te asignaba uno, y a mi amigo le tocó ser policía.
Pero cuando empecé a escribir, no tenía intención de que fuera una novela de misterio, la idea inicial era escribir sobre China, su sociedad y sus tradiciones. Así que desde el principio Chen Cao fue un intelectual, quería a alguien capaz de pensar y cuestionar por qué en China las cosas pasan de esta forma, y luego le convertí en policía fusionando esta idea con la historia de mi amigo.
La verdad es que combinar estas dos facetas era muy conveniente, porque un policía habla mucho con la gente, hace preguntas y tiene acceso a información privilegiada, lo que era muy práctico para mi objetivo. Y además, se produce una tensión entre lo que es y lo que podría haber sido, algo que a mí personalmente también me ocurre, porque mi sueño es escribir poesía, que es lo que siempre me ha gustado más. De hecho, estoy preparando un libro de fotografía y poesía en que mis poemas acompañarán la obra de un fotógrafo, pero no soy yo, es Chen Cao quien las escribe.
Además de inspirarse en su amigo, ¿la figura de Chen Cao tiene algo que ver con algún referente de la literatura china u otros detectives de la literatura universal, como Wallander (de Mankell) o Carvalho (de Vázquez Montalbán)?
Hay unos autores suecos que sí que me han influido de alguna forma. Son Maj Sjowall y Per Wahlöö, un matrimonio que escriben juntos y que han creado al detective Martin Beck.
Sus novelas son muy sociológicas y hablan mucho de las personas más allá de la intriga. Además, Martin Beck, como Chen Cao es un personaje infeliz, no son Sherlock Holmes sino más bien antihéroes. En todo caso, hay una influencia de la novela clásica china que se demuestra en la introducción de poesía dentro del texto narrativo. Sobre las obras de Vázquez Montalbán he leído alguna y sé que al detective Carvalho le gusta la gastronomía.
En este aspecto se parece a Chen Cao…
Es que en la cultura China la comida es muy importante, como en España. Confucio dice que nos tiene que gustar la comida y el sexo porque forman parte de la naturaleza humana.
Pero otra razón por la que hablo de gastronomía es porque ahora vivo en St. Louis [Missouri], donde no hay muy buenos restaurantes chinos, y hecho mucho de menos la buena comida china. Introducirla en las novelas me ayuda a recordarla.
Además creo que Chen Cao es un personaje que trabaja muy duro, no tiene suerte en su vida personal, y al menos debemos compensarle un poco con la comida.
Desde que publicó el primer libro de la serie, en el 2000, China ha evolucionado a pasos de gigante. ¿Chen Cao ha cambiado también?
Las novelas de la serie no se sitúan siempre en el momento en que los escribo, es decir que no reflejan un momento puntual de la sociedad China; el primero se sitúa en los años 90 y algunos son atemporales. Pero sí que es verdad que al principio Chen todavía tiene muchos ideales y luego poco a poco se vuelve más cínico.
Aun así intenta trabajar como un buen policía porque para él es la única forma de encontrar sentido a su vida, pero cada vez es más práctico y podríamos decir que también está más amargado.
En “El caso Mao”, la última de sus novelas publicada en español, se destapan aspectos delicados de la vida de Mao. ¿Cree que en China, a pesar de que se han publicado libros que describen las consecuencias de la Revolución Cultural en la población, todavía es tabú criticar a sus líderes?
No creo que haya muchos libros sobre la Revolución Cultural publicados en china y escritos por chinos, porque el gobierno todavía tiene miedo de que se hable de ello. De hecho, uno de mis libros en inglés se titula “A loyal character dancer” [Visado para Shanghai], que es un estilo de baile típico de la época de la Revolución Cultural. El libro no iba sobre esto, pero ¡me cambiaron el título porque recordaba demasiado a esa época!
Sí que es verdad que algunos autores han hecho referencia a este período en sus libros, como Mo Yan o posteriormente Yu Hua, que refleja la absurdidad de la Revolución, pero de todas formas sus editoriales chinas necesitan siempre la aprobación del contenido del libro por parte del gobierno y si critican demasiado no se les pasa.
Su padre fue perseguido durante la Revolución Cultural. ¿Cree que ha sido un factor determinante en su obra?
Sí, es evidente. Mi familia tuvo problemas porque mi padre fue considerado contrarevolucionario porque tenía un pequeño negocio.
Le pusieron en la lista negra y esto tiene mucho que ver con el hecho de que yo escriba y con los temas sobre los cuales escribo, incluso unos de mis libros se llama “When red is black” (“Cuando el rojo es negro”), haciendo un juego de palabras con ello. Porque ahora, muchos años después de la muerte de mi padre, es fantástico tener un negocio en China y no por ello estás en la lista negra. ¿Pero qué pasa con mi padre? Por ello he intentado reflexionar sobre el porqué de aquella tragedia y de aquellos años tan turbulentos.
Otros autores de novela negra no chinos, como Henning Mankell, han situado alguna de sus obras en China. ¿Cree que es un país idóneo para este tipo de novelas?
Sí, creo que es ideal, porque en China todo es muy y muy complicado. No sólo te proporciona acción, hay luchas de poder en el partido, hay transiciones políticas y sociales, es palpable el choque entre modernidad y tradición, la creciente diferencia entre pobres y nuevos ricos genera muchísimos conflictos… estamos hablando de un entorno muy bueno para desarrollar una novela negra.
Para mí, además, era importante reflejar todo este contexto social y cultural que sirve de trasfondo del crimen. En China casi no tienes que inventar o crear nada nuevo, porque todos estos conflictos existen y están en todas partes, ¡sólo hay que escribirlos!
Chen Cao es un especialista en casos políticamente delicados y saca a la luz historias comprometedoras para los líderes chinos. ¿Ha podido publicarlos en China?
Los tres primeros libros de la serie se tradujeron al chino pero se publicaron con muchos cortes y cambios, y algunos fueron absurdos… incluso quisieron esconder que la novela se situaba en Shanghai, que pasó a ser ‘ciudad H’, porque un miembro del aparato de censura consideró que no se podía situar allí. Cambiaron los nombres de las calles, de los lugares… Pero al final las reseñas de los periódicos publicaron que se trataba de Shanghai y no pasó nada.
“Years of red dust”, su única obra de narrativa fuera de la serie de Chen Cao, se ha publicado en francés y en inglés, pero todavía no en español. ¿Qué nos puede adelantar de esta obra?
Este libro es un caso especial, surgió de un encargo del diario francés Le Monde, que me pidió que escribiera un libro que pudieran publicar por capítulos en el periódico durante el verano. Se trata de una serie de historias breves, que empiezan en 1949 y van hasta el presente, sobre un barrio popular de Shanghai donde la gente se sienta en la calle en verano y habla con los vecinos. Muchas de sus charlas giran en torno a lo que se publica en el boletín de noticias del Partido Comunista y es muy interesante ver cómo evolucionan sus opiniones y su moral a medida que cambia la opinión del partido. Es un libro del cual estoy muy satisfecho, me gustó mucho el resultado final.
Obras publicadas de Qiu Xialong en español:
“Muerte de una heroína roja”, 2006, Almuzara
“Visado para Shanghai”, 2007,
Almuzara
“Cuando el rojo es negro”, 2009, Almuzara
“El caso de las dos ciudades”, 2009, Almuzara
“Seda roja”, 2010, Tusquets
“El caso Mao”, 2011,
Tusquets
Obras no traducidas:
“Lines Around China”, 2003, poesía
"Years of Red Dust", 2010
“Les Courants Fourbes du lac Tai”, 2010
“La bonne fortune de Monsieur Ma”, 2011