Redacción
06/05/2013
Consciente del fuerte avance de la oposición liderada por Anwar Ibrahim, el
primer ministro Najib Razak se ha apresurado a hacer un llamamiento a la unidad y a la reconciliación nacional ante la fractura étnica que parecen evidenciar los resultados. La minoría de origen chino habría votado en bloque a la oposición. Por su parte el líder de la oposición ha denunciado fraude electoral e irregularidades en el recuento de los votos.
La coalición de gobierno, formada por trece partidos liderados por la Organización Nacional para la Unidad Malaya (UNMO), ha obtenido 133 de los
222 escaños del Parlamento nacional, 15 escaños por debajo de la mayoría absoluta, lo que le obligará a gobernar con mayoría simple.
El Frente Nacional ya perdió la mayoría absoluta con la que había gobernado desde la independencia del país (1957) en las elecciones de 2008 al obtener 140 escaños. El entonces primer ministro Abdullah Ahmad Badawi se vio obligado a dimitir.
En esta ocasión, retener el poder ante el serio avance en los sondeos de la oposición se considera un éxito personal del primer ministro Najib Razak, que ha conseguido mantener su popularidad por encima de la deteriorada imagen de su partido, aunque no ha podido recuperar la mayoría absoluta.
La oposición, una coalición de tres partidos denominada Alianza Popular (Pakatan Rakyat), liderada por Anwar Ibrahim ha obtenido 86 escaños, frente a los 82 de las pasadas elecciones. La coalición está formada por el partido de Anwar, islamistas moderados y el partido de la minoría de origen chino.
En sus primeras declaraciones tras proclamarse vencedor,
Najib Razak ha asegurado que trabajará para recuperar la unidad nacional y que es consciente que la minoría de origen chino, una cuarta parte de la población del país, ha votado a la oposición y se pude producir una peligrosa fractura social. Se ha comprometido a revisar las políticas de acción positiva que benefician a la población de origen malayo.
Es la primera vez en la historia que la oposición tenía serias posibilidades de ganar y provocar un cambio histórico. Anwar ha protagonizado una dinámica y vibrante campaña que capitalizaba las ganas de renovación de una parte de la sociedad de Malasia. Las encuestas antes de las votaciones reflejaban que vencían en las zonas urbanas y entre la población joven, además de contar con los votos de la población china.
Posiblemente para Anwar Ibrahim, de 65 años, haya sido su última oportunidad real de llegar a dirigir el país. Anwar fue viceprimer ministro con Mahathir Mohamad, el hombre fuerte del país desde la independencia, y se le consideraba su delfín hasta que se distanció en 1998. Fue cesado, acusado de sodomía y corrupción y condenado a seis años de cárcel por mal uso del poder. Él siempre ha calificado de persecución política las denuncias.
Desde hace años Anwar Ibrahim era la figura que podía aglutinar y liderar una oposición con posibilidades de gobernar. Tiene experiencia de gobierno y buena imagen en el exterior.
Sin embargo, la coalición gobernante ha exhibido sus éxitos económicos para convencer al electorado, pero también se ha beneficiado de su control total de los órganos de poder. Antes de las elecciones ha jugado con el populismo aumentando significativamente el gasto público y derogando la controvertida Ley de Seguridad para ser más permisivo con las protestas y manifestaciones.
Además, ha jugado con el miedo y ha acusado a la oposición de querer dejar el control de la economía del país en manos de la minoría china y de alentar el islamismo.
Malasia ha celebrado sus decimoterceras elecciones desde la independencia el domingo 5 de mayo. 13,3 millones de malayos estaban convocados a las urnas para elegir a los 222 diputados del Parlamento Nacional y a los ocupantes de los 505 de los parlamentos regionales.