Eva Queralt
09/05/2010
Aunque el título de la obra, “
El cielo es azul, la tierra blanca. Una historia de amor” lleva a pensar a priori que nos encontramos ante una novela cursilona,
Hiromi Kawakami (Tokio, 1958) narra una historia de amor nada convencional y que se desarrolla a pesar de las reticencias de sus protagonistas.
Tsukiko roza los cuarenta y tiene asumido que no está hecha para tener pareja y ni siquiera amigos cercanos. En una de sus habituales salidas nocturnas en solitario, en las que visita varias tabernas para beber sake y comer algo típico, se encuentra con su antiguo maestro de japonés, casi en los setenta.
Durante meses, sus encuentros son esporádicos y casuales, pero aun así se hacen cada vez más necesarios y ambos se buscan inconscientemente. Comen lo mismo, hablan de temas intrascendentes y se marchan cada uno por su lado tras pagar sus respectivas cuentas.
Ambos intentan hacer caso omiso a esta estima creciente, por lo que la historia de amor se abre paso de forma pausada, lenta, y muy a pesar de los personajes. No sólo les detiene la diferencia de edad, sino también la autocomplacencia en la que viven aparentemente su soledad respectiva, disfrazada de autonomía, y un punto de orgullo que les impide mostrar sus sentimientos.
La historia transmite una gran nostalgia, a través de un recuerdo tranquilo y reposado sobre el pasado, y una enorme ternura. Narrada en primera persona por Tsukiko unos años después, casi a modo de terapia tras la muerte del maestro, describe de los personajes sólo lo necesario para entender la historia.
Son cuatro trazos que llevan al lector a conocer muy bien la psicología de los protagonistas sin saber a penas detalles de su día a día. Es una novela de sugerencias, de elipsis y de grises.
Hiromi Kawakami publicó su primera novela en 1994 y desde entonces es una de las escritoras japonesas más leídas. Esta novela, la primera traducida al español, recibió el Premio Tanizaki en 2001 y fue llevada posteriormente al cine.
Acantilado publica la traducción directa del japonés, a cargo de Marina Bornas Montaña.
Anteriormente, había conseguido con otras obras los premios de literatura japonesa Akutagawa, el Ito Sei y el Premio a la Mujer Escritora.