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Miércoles, 30 de septiembre de 2020
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Pilar Requena: "Afganistán, una oportunidad perdida"
Pilar Requena, periodista de larga trayectoria en TVE y autora del libro Afganistán, analiza en esta entrevista los posibles escenarios en el país tras la próxima retirada de las tropas de combate internacionales, así como los errores y algunos éxitos de más de diez años de presencia internacional. Convencida de que es bueno que los afganos tomen las riendas de su destino, lamenta la oportunidad perdida para haber dado paz y estabilidad a un país martirizado por décadas de conflictos encadenados.
Pilar Requena 2 © asiaredPilar Requena AfganistánPilar Requena presentación libro Dolores Rodríguez 15/10/2012 Afganistán afronta el reto de asumir su propia seguridad a finales de 2014, año en el que las tropas internacionales de combate se retirarán y, de no modificarse la constitución, el presidente Karzai deberá abandonar el poder…

¿Qué futuro le espera a Afganistán, que perspectiva tiene de estabilizarse?

Está muy claro que si desaparece totalmente la presencia militar extranjera, Afganistán está perdido… sin lugar a dudas. Si la retirada es completa y no hay acuerdo ni con Pakistán, ni con los talibanes, la guerra civil está servida y el posible triunfo de los talibanes prácticamente también.

A no ser, que se haya negociado mientras tanto con los talibanes, con lo cual, estaría perdida la sociedad afgana y, sobre todo, las mujeres afganas…

O, a no ser también que se haya llegado a algún tipo de acuerdo con Pakistán para que no ofrezca a los talibanes el santuario y la protección que ahora les presta.

Además, se está detectando un cierto rearme o reposicionamiento de algunos señores de la guerra, que también podrían generar cierta desestabilización tras la retirada completa.

Me gustaría poder ser optimista, pero cada vez soy más pesimista. Todo el mundo parece haberse puesto de acuerdo o confabulado en que la única salida es una negociación con los talibanes; y probablemente ahora mismo ya no quede otra salida.

Si los talibanes regresan y toman todo el poder, tendremos que plantearnos, desde el punto de vista moral, para qué intervinimos… por qué causamos tanta violencia y muerte, esos daños colaterales que dejamos, si al final no cumplimos las promesas que hemos hecho.

Puede que intentar crear un estado de derecho fuera un objetivo demasiado optimista, pero intentar estabilizar, dar una cierta seguridad a la población, no lo era.

¿Es la crisis económica la principal causa de esta retirada que parece un tanto precipitada?


Es una combinación de la crisis económica y de un problema con la opinión pública. En Occidente no se ha entendido el trabajo realizado en Afganistán.

Todo lo que ha llegado a la opinión pública en Estados Unidos y Europa ha sido negativo.

En el lado afgano nos encontramos con el mismo problema. La población había soñado con las promesas extremadamente optimistas que se le hicieron. Al ver los incumplimientos, más todos los errores cometidos, la corrupción, la falta de respeto a las costumbres… el apoyo de los afganos también se ha reducido.

Aunque son conscientes de que, si nos vamos del todo, su futuro no es nada bueno, pero quedan muchos capítulos abiertos de ese futuro y mucha responsabilidad moral.

¿Por qué Occidente es tan favorable a la retirada y prácticamente nadie se plantea la permanencia?

Sencillamente, la opinión pública no ha entendido que se ha hecho en Afganistán.

Primero porque no hemos sabido, ni los políticos ni los medios de comunicación, explicar errores y aciertos.
Segundo, no hemos sabido decir, en un momento determinado, que estábamos en guerra, asimétrica, pero guerra al fin y al cabo.

Tercero, porque no hemos asumido que había que combatir. Los soldados no se podían quedar en los cuarteles viéndolas venir, que es lo que han hecho muchos ejércitos europeos. No por decisión militar, sino porque el político ha decidido que el militar no haga lo que tiene que hacer.

Todo eso ha hecho que se pierda terreno, incluso que no se haga todo el trabajo humanitario que se debería haber hecho.

Además, habría que haber reconocido errores cuando han ocurrido y haber pedido perdón en su momento.
En la construcción del estado de derecho, y remarco la palabra construcción y no reconstrucción porque no había estado, hemos permitido que se desboque la corrupción, el narcotráfico… Nos deberíamos preguntar quién tiene la responsabilidad. No la tienen solamente los afganos o Karzai, porque, al presidente, el dinero se lo hemos dado desde Occidente.

Visto con la perspectiva de los años… ¿había en 2001 alguna otra opción mejor que un gobierno liderado por Hamid Karzai?

Habría que preguntarse, si ahora, diez años después, estamos dispuesto a negociar con los talibanes, por qué no se hizo desde el principio.

Sencillamente ni se les convocó a la cumbre de Bonn. Es más, los pastunes en su mayoria--los talibanes son de etnia pastún—no estaban presentes en la mesa de Bonn. Básicamente había tayikos, es decir, la Alianza del Norte que había hecho el trabajo sobre el terreno bajo cobertura aérea norteamericana y había que devolver el favor, y los uzbecos.

Hamid Karzai fue en realidad la persona a la que se colocó en representación de los pastunes, ya que en principio, por tradición, no podía gobernar un no pastún. En Afganistán, los reyes siempre han sido pastunes, excepto con algunas breves excepciones. Elegir un pastún, la minoría mayoritaria, era dar continuidad.

En ese momento Karzai era la única opción. No era la que había elegido en un principio Estados Unidos, pero su primer candidato había muerto en el frente contra los talibanes.

Eso le convertía en buen candidato…


Karzai no tenía crímenes de guerra, estaba limpio. No tenía un pasado, ya que no luchó contra los soviéticos porque estaba estudiando en la India, ni contra los talibanes… excepto en el último momento, en 2001.

Entró en Afganistán después del 11/S y, al principio, la CIA no le prestó ayuda; después, cuando se vio que no quedaba otro remedio, se la prestó y al final lo colocó al frente del gobierno.

Sin embargo, si lo rodeas de gente con más armas y más poder, lo dejas vendido. Karzai tenía entonces dos opciones: una, dejar el poder, y la otra, convertirse en el hombre fuerte, que es lo que ha hecho colocando a su hermano y a su troupe de confianza.

Karzai ha defraudado, pero también hay que ver la culpa compartida de todos y las condiciones en que se le puso en el gobierno.

En el gobierno se colocó también a los Señores de la Guerra. Es decir, después de una guerra civil que devastó el país, a los afganos les colocamos en el poder a los responsables de ello, a criminales de guerra. Algunos entraron en el gobierno y otros en el parlamento, porque tenían el poder fáctico y ellos mismo promulgaron leyes que les daban impunidad.

Hay que añadir a todo esto que tampoco se desplegaron tropas internacionales en un principio, cuando deberían haberse desplegado, porque EEUU no quería y prefería campar a sus anchas en el sur y en el este, porque era su guerra… su guerra de venganza.

Todo esto no justifica que Karzai sea un corrupto o lo haya hecho mal, pero hay que reconocer que Occidente no se lo puso fácil. Todo eso ha creado resquemores en el pueblo afgano.

¿La pregunta es cómo después de 10 años, tanto dinero, tantas vidas especialmente afganas y esfuerzos invertidos volvemos casi a estar como al principio?

Por desconocimiento. Se pueden buscar razones ocultas, pero posiblemente es porque somos así de tontos.

Lo estamos viendo con las revueltas árabes de nuevo. Nos está pasando lo mismo, supuestamente estábamos ante un mayo del 68 árabe y al final estamos acabando con partidos islamistas en el poder. Hemos acabado con los dictadores, pero ¿sabemos realmente lo que viene ahora?

Teniendo en cuenta que es una zona tan sensible, con tantos actores involucrados, tantos intereses estratégicos y donde históricamente ya se han cometido tantos errores… ¿cómo es posible que estemos ante la situación actual?

Ha habido muchos errores, pero el principal es Iraq. Militarmente, se empezó a perder Afganistán cuando Estados Unidos decidió la invasión de Irak y desviar fuerzas militares a ese país. Se consiguió echar a los talibanes de forma muy rápida y en los primeros años hubo una cierta estabilidad hasta el inicio de la guerra de Iraq.

En el ámbito civil han entrado en juego otros factores, como la corrupción, la falta de información y conocimiento de la realidad del país… Los norteamericanos ya han admitido que no conocían suficientemente el estado en que estaba Afganistán, no valoraron lo que significaban veinte años de guerra. La información con la que contaban era la de * los muyahidines a los que habían apoyado en los años ochenta.

A nivel de cooperación ha habido una descoordinación absoluta: Naciones Unidas iba por un lado, la cooperación europea por otro. Incluso los distintos países de la UE actuaban por separado, las ONGs también…

Esta descoordinación también ha hecho perder confianza.

¿De todas formas se han hecho más cosas en Afganistán de lo que se reconoce?

Se han hecho cosas, no podemos decir que Afganistán está igual que hace 10 años. Es verdad que se han hecho más cosas en el mundo urbano, que va por delante del rural, pero eso suele ocurrir.

Por ejemplo, en infraestructuras, se han construido carreteras, ahora hay líneas aéreas, servicios de telefonía móvil, Internet, también hay una sanidad, precaria, pero la vuelve a haber… se han creado medios de comunicación…, eso sí en Kabul y en alguna otra ciudad, principalmente.

Los niños, y sobre todo algunas niñas, han retornado a la escuela. Tenemos dos millones y medio de niñas escolarizadas, aunque es verdad que todavía hay un 60% de niñas en edad escolar sin escolarización, pero es un avance.

Hay adolescentes y mujeres en la universidad estudiando, mujeres trabajando… Se han conseguido cosas, lo que pasa es que el resultado visible no es nada comparado con el dinero invertido.

Otro de los problemas es que las esperanzas que depositaron los afganos en nosotros eran mucho mayores realmente de los que nosotros podíamos hacer. Hubo una disociación entre sus esperanzas, lo que nosotros les hicimos creer, nuestras promesas, y lo que era realmente viable.

¿Pero se han sentado algunas bases?

Tengo gran confianza en las mujeres, creo que son grandes luchadoras y tengo la sensación que, esta vez, no quieren perder lo conseguido, no quieren que se las devuelva al ostracismo.

Entre las mujeres, no he encontrado en los últimos años ninguna, ni analfabeta ni formada, ni rica ni pobre, que esté dispuesta a volver a estar encerradas en el burka. No quieren volver a ver a los talibanes ni en pintura y están dispuestas a pelear. No sé cómo lo pelearan, no sé si al final la pelea será coger las piernas y volverse a ir de Afganistán. Pero desde luego ya saben lo que es vivir en un régimen talibán y no quieren volverlo a ver.

Además, en cuanto a los hombres, a veces nos olvidamos y decimos: ¡son todos unos retrógrados! y no es verdad. Todas las mujeres que están haciendo cosas en Afganistán es porque los hombres de su entorno, padres, hermanos, hijos, las están apoyando. Sin ese apoyo les sería imposible, porque es así, esa es la realidad cultural, nos gusté o no.

 ¿Cómo es posible que no se haya conseguido controlar el factor desestabilizador de Pakistán? ¿Por qué a pesar del acercamiento de EEUU y de la ayuda financiera que le han suministrado, el santuario de las áreas tribales sigue siendo irreductible?

En primer lugar, porque la ayuda se ha dado a los militares, que es un estado dentro del estado en Pakistán. No ha llegado directamente a la sociedad civil. Al final, es la sociedad la que se ha terminado rebelando porque no acepta que los militares norteamericanos vayan con sus drones y bombardeen y asesinen a quien les da la gana por muy supuestos talibanes que sean. Esto viola los derechos humanos y la soberanía del estado y es fácilmente manipulable por los políticos y los medios de comunicación en Pakistán.

Aunque al final sean los talibanes su principal amenaza, su obsesión de seguridad es la India y el conflicto de Cachemira.

Mientras no se garantice una solución al conflicto de Cachemira, los pakistaníes van a seguir viendo a India como el enemigo, un adversario que, además, aumenta su influencia en Afganistán.

Islamabad, mientras no tenga garantizada su seguridad, no va a permitir que Afganistán se le vaya de las manos. Eso significa que tienen a los talibanes para volverlos a colocar en el poder si Estados Unidos vuelve a irse, como hizo en el 90.

¿India tiene realmente influencia en Afganistán?

A nivel económico y diplomático sí. Apoya al gobierno de Karzai y sustenta muchos proyectos.

Pakistán, ante un posible conflicto con India, cuenta con que su salida por la retaguardia es Afganistán. Si esta salida está cerrada con un gobierno proindio en Afganistán, Islamabad se va a sentir acorralado.

Aunque un conflicto abierto con India es una posibilidad remota, en el subconsciente del pueblo y el gobierno de Pakistán está presente. Por ello se guardan a los talibanes como arma. Es una barbaridad, juegan con fuego, pero si nos damos cuenta, Islamabad apoya a los talibanes afganos, no a los pakistaníes.

Desde la invasión soviética de 1979 se está jugando a este juego. Pakistán apoyaba a los muyahidines y los utilizó para apoyar a sus grupos hermanos en Cachemira, en la insurgencia contra Nueva Delhi.

Está todo relacionado y aún queda Irán, que también tiene un papel. De momento Irán colabora, sobre todo en protección, en la frontera con Afganistán en la lucha contra el narcotráfico --tiene un nivel de drogadicción muy alto--, pero si hay un conflicto con Occidente Irán utilizará Afganistán como escenario de guerra.

Es otro problema que se puede añadir.

¿Cree que realmente es posible el escenario futuro de un acuerdo del gobierno afgano con los talibanes o es pesimista?


Creo que a lo mejor es posible un acuerdo con algún grupúsculo, que no es el núcleo duro de los talibanes. No creo que sea posible un acuerdo si no hay también un acuerdo con Pakistán.

Si creo que se puede conseguir y que se lleva trabajando desde hace años, es que aquéllos que se han sumado más por necesidad que por convencimiento a los talibanes - por cuestiones de dinero o falta de seguridad y no son el núcleo duro de creencias aunque sean muy retrógrados y conservadores—se les puede atraer a un acuerdo asegurándoles seguridad y garantías de supervivencia para poder mantener a sus familias.

Si funciona bien la formación de las fuerzas de seguridad afganas --que hay que tener en cuenta que si no les pagas o no se encuentran seguros van a abandonar o incluso se pueden infiltrar y convertirse en tus enemigos--, si cuentan con apoyo logístico y cierta colaboración de fuerzas internacionales, se puede conseguir que los afganos empiecen a trabajar juntos y apoyen a sus fuerzas de seguridad. Eso puede ir dando confianza a los afganos y puede hacer que asuman que pueden tomar las riendas de su destino.

Hay que tener en cuenta lo difícil que es componer un ejército o policía con diferentes etnias y lenguas.

¿Y en un escenario negativo?

En un escenario negativo habrá una guerra civil, que posiblemente ganen los talibanes, que provocaría de nuevo un montón de refugiados en Irán y Pakistán… Que nos costaría un dineral, a parte de una inmoralidad, y tendríamos que volver.

A la larga habría que volver porque los problemas podrían rebotar a las repúblicas de Asia Central, que tienen también el desafío del islamismo.

Rusia tendría que tomar cartas en el asunto para qué no le rebotara dentro de su propio país, en las zonas con población musulmana.

Y no olvidemos China, que también tiene el conflicto en Xinjiang… y está India, con más de 200 millones de musulmanes.

A parte de los intereses económicos, porque antes o después vamos a necesitar esa zona para sacar los hidrocarburos de Asia Central. Es más caro sacarlos por Rusia, por todo lo que implica de negociaciones, que a través de Afganistán y Pakistán.

¿Qué futuro desearía para Afganistán?


La verdad es que yo lo que quiero es un Afganistán en paz. Poder recorrer el país con seguridad, sin miedo, sin chalecos antibalas… hablando sin miedo con la gente… pudiendo visitarlos en sus pueblos. Quiero aceptar sus invitaciones e ir a sus casas.

Quiero que haya un futuro de paz y estabilidad. Que reconozcamos que esos dos países, Afganistán y Pakistán, son entrañables y admirables, que no son asesinos, que no son salvajes, que no nos odian.

Nos odian los que nos odian, pero esos también odian a sus propios pueblos, no nos engañemos. Porque lo que odian es la civilización y hay una cosa que debemos entender la guerra es entre ellos, nosotros solo somos los “invitados”.

Es una guerra dentro del propio mundo musulmán, dentro de la propia sociedad musulmana, es su guerra, entre la modernidad y el atraso. Y la están librando en el siglo XXI.

Yo no pierdo la esperanza en el pueblo afgano. Creo que es bueno que dejemos un poco el destino en sus manos. Es bueno que nos vayamos retirando poco a poco, por supuesto… sin dejar de ayudarles y financiarles en aquellas necesidades imprescindibles, como la sanidad y educación, para que puedan tener unas condiciones de vida dignas.

A lo mejor no es malo que los afganos tomen el destino en sus manos. Porque ya hace demasiadas décadas que se lo han quitado. Gran parte de la historia de Afganistán se ha jugado fuera de Afganistán, en Moscú, en Londres, en Washington, en Bruselas… en un montón de capitales que no eran Kabul.

Creo que aunque los afganos están desesperanzados, todavía están dispuestos a luchar por vivir en paz.

¿Sabe cuál es el problema? que Afganistán hubiese sido un extraordinario modelo a seguir si hubiese salido bien.
Porque jamás de los jamases, y mucho menos en Afganistán, que a la historia me remito han echado a todos los invasores y ocupantes una y otra vez, jamás un pueblo ha estado de rodillas pidiendo a las fuerzas internacionales que intervengan. Y eso se dio en Afganistán.

Eran los afganos los que pidieron que interviniéramos, pero para darles paz y estabilidad, no más desgracia y más violencia.

Nos recibieron con los brazos abiertos, y esa oportunidad histórica la hemos perdido.
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