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Martes, 17 de mayo de 2022
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Impresiones ante un Congreso decisivo
La primera cosa que hay que entender sobre el XVIII Congreso Nacional del Partido Comunista de la China es que el Partido en China es mucho más que un Partido político: es el Sistema político mismo.
Seán Golden, especialista en asuntos chinos y director del Centro de Estudios Internacionales e Interculturales (Universidad Autónoma de Barcelona) 12/11/2012 Si fuera posible celebrar elecciones en China y que el PCCh las pierda, el país dejaría de funcionar, las administraciones públicas se detendrían. En China, nunca se separó la Iglesia del Estado. El poder es una cuadrícula con tres columnas – el Partido, el Estado y el ejército -, en la que las filas horizontales están repetidas: el nuevo secretario general del Partido será el presidente del Estado, no hay distinción entre los dos, como si el Papa se convirtiera en primer ministro de Italia. No sabemos cuándo va a llegar a ser presidente de la Comisión Militar también (lo más probable es que su predecesor, Hu Jintao, mantenga el cargo durante los próximos dos años para proteger su legado). Lo mismo se aplica en el nivel dos (el Vice-Secretario General del Partido es también Primer Ministro) y así sucesivamente.

La obligación que tiene el Partido de cuidar de pureza ideológica está integrada en la administración del estado, y por esta razón, la promoción de un sistema multipartidista queda descartada. La pureza ideológica significa el control ideológico de la administración política y de las fuerzas militares. Esta es una de las razones principales por las que China no es eficiente: en cada ministerio, en cada nivel de la administración pública, hay un administrador y un funcionario del partido del mismo rango, por lo que en caso de desacuerdo, la apelación tiene que hacerse a una autoridad superior.

La primera generación de líderes del Partido tenía un centro: Mao Zedong. La segunda, tuvo a Deng Xiaoping. Estos líderes, al igual que los emperadores, nombraron a sus sucesores. Lo hicieron para proteger su legado y para mantener un cierto control con el fin de protegerse. Deng Xiaoping no permitió que Jiang Zemin, el líder máximo de la tercera generación, eligiera a su sucesor, y así Hu Jintao se convirtió en Secretario General y Presidente. A Hu Jintao no se le permitió elegir a su sucesor en el último Congreso Nacional en 2007. Esto demostró que el liderazgo colectivo estaba muy vigente. Ahora bien, es importante tener en cuenta que el número de miembros del Comité Permanente del Buró Político aumentó en 2002 de siete a nueve, lo que significó que había que dar representación a más facciones dentro del Partido. Si se redujera el Comité Permanente a siete miembros ahora, como parece muy probable, sería un síntoma de que una lucha por el poder está en marcha, y que alguien está ganando.

El aumento del número de miembros del partido que ha habido es un síntoma de una lucha de poder también. Durante la Revolución Cultural (1966-1976), la Banda de los Cuatro abarrotaron el partido con sus propios partidarios y el número de miembros del PCCh aumentó dramáticamente. Una rápida expansión es una señal negativa: no se puede mantener un proceso estricto de selección, y puede entrar gente incompetente o corrupta o partidista. También puede ser consecuencia de la necesidad de reforzar la burocracia (de hecho, la burocracia de China es realmente demasiado pequeña para manejar una economía capitalista para una población tan grande). Desde el comienzo de la política de reforma y apertura que promovió Deng Xiaoping, el Partido ha procedido también a cooptar a los capitalistas rojos (mejor tenerlos dentro que por fuera), y a los nuevos capitalistas --que desconfían del partido y del sistema-- les interesa estar dentro.

Hay señales claras de una lucha de poder. Por ejemplo, el pasado mes de agosto los miembros del Buró Político celebraron una reunión informal en la localidad turística de Beidahe. Los observadores asumieron que estaban ultimando un consenso para el Congreso del Partido. Sin embargo, la reunión terminó sin un acuerdo completo. Entonces, Xi Jinping, el presunto sucesor de Hu Jintao, desapareció durante dos semanas, y no se dio ninguna explicación a su regreso. Otra señal: el XVIII Congreso estaba prevista inicialmente para octubre, pero se llevará a cabo en noviembre.
Ha sido un año lleno de acontecimientos, y la expulsión de Bo Xilai por cargos de corrupción es un terremoto político con muchas réplicas.

Hace poco centenares de intelectuales y militantes del Partido enviaron una carta abierta a la Asamblea Nacional pidiendo la no expulsión de Bo de la Asamblea (fue expulsado igualmente, y perdió así su inmunidad como parlamentario). En la medida en que Bo Xilai quería construir una alternativa política a la actual tendencia liberal, representa una parte importante de la lucha ideológica en marcha entre los liberales (que exigen más economía de mercado, con el fin de generar riqueza y tal vez para debilitar el control del gobierno) y la nueva izquierda (que quieren redistribuir la riqueza, con el fin de impulsar la demanda interna y reducir las fuerzas centrífugas de la desigualdad social).

Entre las fuerzas centrífugas se encuentran: las diferencias de ingresos entre la costa Este y el resto del país (la desigualdad en China está creciendo rápidamente y está llegando al mismo nivel que los EE.UU.); la urgente necesidad de desarrollar un mercado interno para mantener la economía en crecimiento (cuando la mitad de la población que aún vive en el campo no tiene el poder adquisitivo necesario para crear un mercado sostenible de consumo doméstico); la corrupción (que es la preocupación número uno para los ciudadanos chinos hoy en día, que están simplemente hartos de ella).

La gente no exige cambios políticos porque su primera prioridad es la de mejorar su nivel de vida, pero podría reaccionar fuertemente si su nivel de vida se ve afectado por incompetencia en la gestión de la economía. Sólo piden la lucha contra la corrupción y tal vez mantener el orgullo nacional.

Dentro del Partido, donde se debate si el poder político emana del pueblo (como dijo Abraham Lincoln) o si el poder político se utiliza a favor del pueblo (como Lenin y Mao insistieron), la situación es muy diferente. Por ejemplo, Wen Jiabao (quien lideró la lucha contra Bo Xilai, y cuya facción está ahora hablando en serio de reforma política) sostiene que son las personas que han delegado el poder al partido-y, por tanto, pueden retirarse. Ha defendido abiertamente la garantía de los derechos civiles de la población y la limitación del poder del Partido.

Esto es muy cercano a la democracia tal como la entendemos, pero muy diferente de lo que significa tradicionalmente en China, que es lo siguiente: los tecnócratas no electos gestionan las cosas, y presentan periódicamente las políticas para la aprobación del pueblo (camino de Sun Yat-sen). Wen Jiabao dice que el partido debe ganar su legitimidad.

En febrero de 2011 se fundó una asociación, los Hijos de Yan'an (la localidad que fue la cuna de la revolución de Mao), por los hijos e hijas de los veteranos de la Larga Marcha –como lo es Xi Jinping. Se han celebrado tres reuniones más desde entonces, y han escrito y enviado un manifiesto al Comité Central del Partido pidiendo más democracia interna y la reforma política como un antídoto contra la decadencia del partido. Ellos utilizan el término Democracia Nueva (utilizado en los años 1930 y 1940) para describir una relación diferente entre el pueblo y el gobierno.

Constituyen en grupo de presión. Xi Jinping (que estaba en el ejército, como su esposa) pertenece a una generación de "príncipitos" --los hijos de los dirigentes revolucionarios, quienes más se han beneficiado del desarrollo económico (no son capitalistas rojos, sino nomenklatura convertida en capitalista), y muchos de ellos están consolidando su poder. Se trata de una facción grande, una aristocracia política con múltiples conexiones.

La otra facción enorme es la meritocracia: los que han subido a través de la Liga de la Juventud Comunista, después de un largo camino iniciático de evaluación y selección. Para complicar más las cosas, muchos líderes pertenecen a ambos grupos. Sean liberales o nueva izquierda, compiten básicamente para generar riqueza, ya que el éxito político se equipara al incremento del PIB de su distrito, en lugar de redistribuir riqueza o proteger el medio ambiente.

Ahora mismo, las dos grandes potencias mundiales deben resolver sendas crisis de sucesión –una por la vía de las elecciones democráticas, la otra por la vía del centralismo democrático--, por lo que algunos discursos incendiarios y un cierto grado de demagogia no deberían sorprendernos.

La agitación del nacionalismo es muy útil si se trata de maniobrar políticamente dentro del Partido, pero conlleva una retórica poco prudente --y China está muy interesada en ser extremadamente prudente en materia de política exterior. Los asesores chinos toman como premisa que no habrá una guerra mundial en los próximos veinte años y que, en cualquier caso, no pueden realizar ninguna aventura en el extranjero, ya que necesitan estabilidad durante al menos ese tiempo para resolver sus problemas internos. Por lo tanto, China está a favor del multilateralismo: prefiere los G20 a los G8, y no quiere insinuar la posibilidad de un G2 (EE.UU. y China).

Sin embargo, el consejo de Deng de mantener un perfil bajo en los asuntos mundiales no es exactamente lo que muchos en el Partido tienen en mente hoy, para quienes el tiempo de China por fin ha llegado y la cuestión ahora es cómo consolidar su poder mundial. Hablan abiertamente sobre cómo sería un orden mundial dominado por China, y cómo los poderes que dominan actualmente van a reaccionar a esta posibilidad. Para ellos, el "desarrollo pacífico" es el modelo a seguir: ellos saben que no deben hacer nada beligerante que recuerde a sus vecinos cómo Japón se comportó en el pasado.

Han incrementado su gasto militar, pero este equivale a unos 100 dólares por cada ciudadano chino (que representan menos del 10% del gasto militar mundial), mientras que el presupuesto militar de EE.UU. es de aproximadamente 2.200 dólares por ciudadano (representan más del 40% del gasto militar mundial).

Occidente piensa que cuando el gasto militar aumenta, también lo hace la inseguridad internacional, y tienen su propia historia reciente que apoya esta tesis. Pero, ¿hasta qué punto una potencia emergente necesariamente provocará "inseguridad"? China está construyendo infraestructuras para garantizar el suministro (de materias primas) y los mercados de ultramar en las rutas desde y hacia su economía --en particular, el denominado "collar de perlas", una serie de puertos de aguas profundas en todo el sudeste y el sur de Asia y en el Golfo Pérsico, así como una flota mercante y una marina de guerra modernizado para proteger la flota-. EE.UU. dice que no lo están haciendo para proteger a las empresas y el comercio, sino para competir por el dominio del mundo --un análisis completamente diferente.

Pero si se observa lo que China está haciendo en África y América del Sur, es bastante claro que el motor de la política exterior de China es económica: necesitan materias primas y necesitan los mercados. Hay un antiguo proverbio chino que define el enfoque de China de la política a la perfección: se cruza un río buscando las piedras donde apoyarse. Es una estrategia pragmática, libre de cualquier enfoque doctrinario.

Crece el nacionalismo en China. Es un fenómeno muy complejo. Durante los años 1980 y 1990, Occidente (en particular, EE.UU.) fue el modelo a seguir: miles de estudiantes chinos fueron a estudiar en las universidades occidentales. Pero entonces, en 1999, la OTAN bombardeó la embajada china en Belgrado, y la reacción popular contra el Oeste (EE.UU. y la OTAN) fue enorme (el gobierno toleraba las manifestaciones).

En el campo intelectual, el post-colonialismo y el posmodernismo se pusieron de moda y los creadores comenzaron a mirar a la tradición china como una fuente alternativa y no-occidental de la modernidad.

El gobierno, sin embargo, tiene miedo del nacionalismo: cuando se derrumbó el maoísmo, el capitalismo (con características chinas) lo sustituyó como base ideológica, pero ahora, si la economía se desploma, ¿qué ideología la reemplazaría? El malestar social crece y las clases medias seguramente se volverían contra el Partido en caso de un derrumbamiento económico (un crecimiento del PIB del 6% o menos, generaría un desempleo insoportable).

Una posible alternativa podría ser un fuerte nacionalismo populista. El partido lo sabe y está asustado --y también los intelectuales. Hemos visto lo que ha hecho el nacionalismo en los Balcanes y simplistas soluciones populistas no puede resolver problemas complejos en una economía mundial interdependiente.

Seán Golden es especialista en asuntos chinos y director del Centro de Estudios Internacionales e Interculturales (Universidad Autónoma de Barcelona)
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