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Sábado, 1 de octubre de 2022
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Sri Lanka proclama la victoria sobre la guerrilla tamil
La guerra en Sri Lanka ha terminado. El gobierno ha declarado oficialmente la victoria sobre el Ejército de Liberación de Tierra Tamil, que anunció su rendición después de los violentos enfrentamientos que se cobraron más de 3.000 vidas civiles en los últimos días
Anna Zaera 18/05/2009 En medio del júbilo en las calles de Colombo, el presidente de Sri Lanka, Mahinada Rajapaksa, ha declarado que el país ya esta “liberado” de los Tigres Tamiles. Este anuncio se produce tras la rendición, un día antes, del LTTE, según los rebeldes, para “evitar más muertes de civiles” y con la confirmación de la muerte del jefe militar de los rebeldes Velupillai Prabhakaran, abatido por el ejército mientras intentaba huir de la zona de conflicto.

El final de la guerra, proclamado oficialmente en el parlamento, marca el punto final de un conflicto abierto entre el ejército de Sri Lanka y los rebeldes tamiles que ha durado más de 26 años. El enfrentamiento armado ha concluido tras una ofensiva aplastante del ejército de Colombo que acorraló al último reducto tamil en el nordeste de la isla, acabado con el grueso de la dirección de la guerrilla, una información que los tamiles, desde su medio de comunicación Tamilnet, no han confirmado.

Las fuerzas armadas de Sri Lanka han demostrado, con esta victoria, su supremacía militar, respaldada por el cierre de filas de la población cingalesa entorno a su presidente, Manida Rajapaksa, y por el apoyo que éste ha recibido en los últimos años de poderosos socios internacionales. Un sustento económico y militar que le ha permitido aplastar sin miramientos a una de las guerrillas más potentes del mundo, capaz de enfrentarse al enemigo con medios aéreos y navales, y que había mantenido al ejército en jaque durante los últimos 5 lustros.

En los últimos meses el cuerpo a cuerpo entre ambos bandos ha llenado de muertos el norte de Sri Lanka y ha provocado el exilio forzado de miles de personas atrapadas en la zona de conflicto, en una situación que las Naciones Unidas ha calificado de “catástrofe inimaginable” en un comunicado de prensa reciente.

Esta ha sido la última etapa de una escalada de violencia que tiene su origen más inmediato en la ruptura de facto del proceso de paz en 2006 y la reanudación de los enfrentamientos entre las partes “dinamitando la paz” y “endureciendo las posturas de ambos bandos”, más intransigentes que nunca a las peticiones del otro y “abocados a volver a la violencia para resolver el conflicto” afirma María Villellas, experta en Sri Lanka de la Escola de la Pau de la Universitat Autònoma de Barcelona.

El proceso de paz, mediado por Noruega, fue una ilusión que se desvaneció poco a poco, en gran parte por “la desconfianza de ambos a recibir favoritismos por parte de los actores internacionales” afirma Villellas. Esta sensación “a sentirse apartados” fue la causa por la que los tamiles abandonaron el proceso en 2003. Sin embargo, según el profesor de la Universidad de Oslo, Öivind Fuglerud, “el proceso de paz nunca estuvo realmente enraizado en la política cingalesa”, ya que las elites políticas de Sri Lanka no demostraron una postura cohesionada al respecto. El primer ministro Ranil Wickremasinghe (del UNP) firmó el proceso de paz y dejó de un lado a la presidenta del SLFP, Chandrika Kumaratunga, quién se encargó de usar su poder para sabotear el proceso de paz que la había ignorado.

La inyección económica internacional que recibió Sri Lanka durante el proceso de paz, encaminada a que la industria y el turismo favorecieran la resolución de los conflictos políticos, fue una solución “miope”, según Villellas, a un difícil proceso de paz que se remontaban a un viejo conflicto colonial, entre una mayoría budista cingalesa y una minoría tamil, predominantemente hindú, en pie de guerra por conseguir un reconocimiento a su identidad y, con ella, la autonomía de su territorio, en el norte de la isla.

El encrudecimiento del conflicto a partir de enero de 2009, fue la última embestida de un gobierno que desde que ganara las elecciones en 2005 había prometido acabar con el conflicto tamil con mano dura, visto que no era posible una salida dialogada al problema. El líder nacionalista, Rajapaksa, haciendo gala de marcadas dotes populistas prometió acabar con el terrorismo y la inseguridad eliminando a los rebeldes tamiles del mapa de Sri lanka costara lo que costara. Una intención más factible que nunca ya que durante el proceso de paz había servido al ejército para “rearmarse y entrenar a los oficiales del ejército” para cumplir con esta misión, señala Fuglerud.

A pesar de la fortaleza del ejército, la victoria también ha coincidido con el progresivo debilitamiento del LTTE en los últimos años, que ha visto como las fracturas internas, concretamente el abandono del general Karuna y su colaboración con los servicios de inteligencia del ejército de Sri Lanka y sus errores de estrategia debilitaron una guerrilla cada vez con más disidencia interna. La violencia con que perpetraban los atentados terroristas contra civiles y el boicot de los comicios electorales de 2005 contribuyeron a deslegitimar un movimiento con trasfondo político, pero que después del 11 de septiembre, se convertía en un grupo terrorista más. Rajapaksa, con doble nacionalidad americana, aprovechó la coyuntura internacional para validar su dura ofensiva contra los tamiles.

Intereses internacionales

A pesar de que el enfrentamiento de los últimos meses responde, como hemos visto, a diferentes causas de política interna, la intervención de los actores internacionales ha sido determinante para que el gobierno de Sri Lanka lograra acabar con la guerrilla tamil.

Uno de los principales protagonistas es China. Este país, se ha convertido en los últimos años en el principal donante de ayuda militar a Colombo, una ayuda que se intensificó en los últimos años, según ha revelado la prensa inglesa, debido al interés chino por construir un puerto en una ciudad costera del sur de Sri Lanka para asegurarse el aprovisionamiento de petróleo desde el Golfo Pérsico.

China habría aprovechado su derecho a veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para impedir cualquier resolución contraria al gobierno de Rajapaksa que enturbiara los negocios.

El favor de China, se suma a la de otros socios privilegiados del gobierno de Sri Lanka como Libia, Rusia o Vietnam que se han negado a introducir el tema de Sri Lanka en la agenda de las Naciones Unidas, considerando que el gobierno de Sri Lanka tiene la legitimidad para tomar las mediadas que considere oportunas dentro de su propio territorio.

Estas alianzas internacionales han sido suficientes para permitir al gobierno cingalés acabar con la guerrilla tamil, a pesar que en 2007, muchos gobiernos occidentales como Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia, junto con India, anunciaron que no darían apoyo financiero ni armamentístico a Colombo, temerosos de que estas armas provocaran una catástrofe humanitaria. Un desastre que finalmente se ha producido y que, aunque representa el fin de la guerra, de momento, no garantiza el inicio de la paz.
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