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Martes, 25 de julio de 2017
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Jugar a bolsa en China, pierde el pequeño inversor

La caída de las bolsas chinas ha representado un pequeño cataclismo en el ambiente de euforia desmesurada en que vivían los mercados de valores de Shanghai y Shenzhen. Pero con su drástica intervención lo que ha quedado claro es que el gobierno chino no está dispuesto a que sea el mercado el que le quite el control.

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En los especulativos juegos de casino en que se había convertido la bolsa, la banca, es decir el gobierno, ha demostrado que siempre tiene la última palabra y que va a apostar por la estabilidad.

La caída de las bolsas ha sido dramática, en poco más de tres semanas perdieron un tercio de su valor, pero si tenemos en cuenta que en el último año los índices de Shanghai y Shenzhen habían subido cerca de un 150%, la situación puede no parecer tan desesperada.

Los que han perdido son los pequeños inversores, las personas que acudían a la bolsa como una forma fácil de invertir y multiplicar los ahorros en un ambiente que se parecía más al juego de un casino que a la realidad de un mercado de valores.

Los bancos chinos apenas tienen oferta en productos de ahorro y los tipos de interés son bajos. La bolsa se había convertido en un atractivo para personas con pocos conocimientos –jubilados, amas de casa, jóvenes- que buscaban una forma "fácil" de rentabilizar su dinero.

Además, muchas de las inversiones se realizaban a crédito, aumentando la burbuja y también multiplicando el riesgo. Como en todas las fiestas, el último que llega paga entrada, disfruta menos tiempo y acaba fregando los platos.

Sin embargo, a pesar de la impactante caída de las bolsas chinas, la situación está lejos de parecerse a las graves crisis vividas en otros países como el famoso "crack del 29", con el que algunos medios de comunicación han llegado a realizar paralelismos.

La bolsa china es un mercado bastante aislado, que por supuesto no contamina al sector financiero internacional y tampoco mucho a la economía real del país.

Aunque es cierto que hay muchas empresas estatales sobreendeudadas y que la caída de la bolsa perjudica su situación, la realidad es que el gobierno chino tiene numerosos mecanismos para reestructurar las deudas.

Y en cuanto a los pequeños inversores, teniendo en cuenta la magnitud del país, son pocos los afectados por el pinchazo. El porcentaje de ciudadanos chinos que invierten en bolsa, aunque creciente, sigue siendo bajo, según algunos datos no llegan al 6% de la población.

Es evidente que para el gobierno chino los titulares en la prensa internacional sobre el gran desplome de la bolsa no son buenos. Provocan falta de confianza en la economía china e incrementan las alarmas sobre la desaceleración del crecimiento, que algunos analistas alejan decididamente del 7% que Pekín se ha marcado como objetivo en 2015.

Por ello el gobierno de la República Popular actuó con decisión en un primer momento con una compra masiva de acciones para frenar las pérdidas, seguida de contundentes medidas contra las ventas a corto plazo que escenificaron con una entrada de los funcionarios del  ministerio de Seguridad en el mercado de valores para visualizar la persecución policial contra los especuladores.                                                                                                                                                                                                                                                          

Las amenazas policiales fueron más efectivas que la millonaria inyección de liquidez para comprar masivamente títulos de las grandes empresas públicas.

Inmediatamente la bolsa de Shanghai experimentó un rebote del 5,8%, su mayor ganancia porcentual desde 2009, y la de Shenzhen del 4,25%.

Como medidas de apoyo a la estabilidad, el regulador bursátil ha prohibido, a los accionistas que tengan más del 5% de capital de cualquier empresa, reducir su participación en los próximos seis meses. Así se propone evitar grandes ventas masivas que disparen nuevas especulaciones.

También se ha relajado las reglas de los préstamos hipotecarios que se habían concedido como aval para las inversiones en bolsa con el objetivo de estimular la compra de acciones.

Durante las crisis, unas 1.300 empresas suspendieron su cotización para evitar ser arrastradas por las pérdidas. Se calcula que en unos veinte días se evaporaron unos tres billones de dólares en el gran casino de las bolsas chinas.

La crisis bursátil se añade a una perspectiva difícil para Pekín ante la previsible decisión de la Reserva Federal de Estados Unidos de elevar los tipos de interés, lo que fácilmente desviará fondos de economías emergentes como la china hacia el mercado norteamericano.

 

 

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