
Redacción
19/05/2011
El
filme es un remake del ya clásico “Sangre fácil” con el que los hermanos Coen iniciaron su exitosa carrera. El realizador chino conserva el humor y la ironía de este thrilller negro, pero lo adapta totalmente a los parámetros chinos. Para ello se decide a convertirlo en una especie de homenaje a la ópera china.
Zhang Yimou ha explicado que adoptó el estilo estético de una ópera china clásica, “San Cha Kou”, en la que todos los personajes están confinados en el mismo espacio; cada uno intercambia su papel con el otro y vuelve a cometer las mismas equivocaciones, dejando al desnudo lo absurdo de la vida, algo irónicamente repetitivo y fuera de nuestro control.
El filme nos cuenta la historia de Wang, un hombre pesimista, astuto y avaricioso, dueño de un bar de tallarines en una ciudad situada en un paraje desértico de China. No hace caso de su esposa, una mujer de lengua viperina que tiene una aventura amorosa con Li, uno de los empleados de Wang.
Li es un hombre tímido que, muy a pesar suyo, acaba guardando la pistola que su amante ha comprado para matar a su marido. Pero Wang está al tanto de todo lo que hacen. Soborna al agente de policía Zhang para matar a la pareja. Visto así, el plan es perfecto: todo se solucionará gracias a un final sangriento y cruel perfectamente satisfactorio para él. O al menos, eso piensa. Pero el malévolo Zhang tiene otra idea en la cabeza. Y según se complica la trama, correrá más sangre y la violencia será cada vez mayor…
La película conserva el suspense de la original, pero la puesta en escena, la fotografía y los planos nos llevan al universo visual al que nos tiene acostumbrados Zhang Yimou, este gran representante de la quinta generación de cineastas chinos.